La vida de Adele (+retrato) | POPCOKEN



-Adèle Vs Adèle Vs Adèle-


-Mi retrato de Lea Seydoux-


Tras no pocas dificultades, conseguí asistir a una sesión y ver ‘La vida de Adèle’. En contraposición con su popularidad internacional, los premios ganados –se llevó la palma de oro en Cannes- y el hecho de ser una adaptación de un cómic, llama poderosamente la atención tropezar con obstáculos para tener acceso a un pase para una película como esta. Esas dudas no encontraban respuesta pero, visionada la cinta, he podido entender –que no aprobar- el fundamento de casi todas. Intentaré resolverlas desde mi punto de vista y mi experiencia.



 Comenzamos‘La vida de Adèle’ es una historia que realmente no parece una película en sí. Parte de la base de ‘El azul es un color cálido’, comic de Julie Maroh que, si bien no tiene ni un gran dibujo ni un gran relato, transmite con certeza su mensaje aunque cojee al caer en más de un cliché o dos –como puede ser la sobredramatización de la historia, haciéndola resultar exagerada y algo manida al final-. 




La principal desventaja del cómic es que parte desde el final sin tapujos. Para muchos, el hecho de conocer el final antes que a los propios personajes puede liquidar cualquier interés por los mismos, forzando así una desconexión emocional con ellos. La principal baza de la historia impresa es el uso de los colores temáticos para representar sensaciones. La indiscutible es Adèle, Adèle y Adèle.




Adèle es la protagonista del cómic, Adèle es la protagonista de la película y, para colmo de las coincidencias: la actriz que las interpreta –ya que a mi ver son dos Adèle diferentes- también se llama Adèle Exarchopoulos –digno de un trabalenguas-. La primera Adèle, la de las viñetas, es muy niña y aunque es bastante más fea que su intérprete, se hace entrañable y creíble, aunque sufre el exceso de drama innecesario de la historia. 




La segunda Adèle es un personaje más simple de lo que se nos vende. Se trata de una niña con físico de mujer que, de pronto, se ve enamorada del sexo opuesto –a veces resulta injustificado y algo exagerado, ya que el cambio se antoja radical en algunos aspectos-. La tercera Adèle –que se empeña constantemente en esparcir el pelo por delante de la cara-, de ascendencia griega pero nacida francesa, es el mayor misterio en todo esto. 




Al ver la película, todos nos preguntamos cómo es que no habíamos oído hablar nunca de esta chica. La razón es sencilla: a pesar de lo que pueda parecer en las ruedas de prensa y demás alfombras rojas, es realmente una niña. Adèle Exarchopulos tiene 19 años y, a excepción de esta película, nunca había trabajado en ningún proyecto de gran tirada.




En esta historia, originalmente pensada para visionarse fraccionada en dos partes que se nos ofrecen juntas, veremos como Adèle, concebida heterosexual por sus padres y su círculo de extrañas, intransigentes y megalómanas amigas –entre las cuales se esconde alguna que otra bollera no confesa-, embebida en la rutina, se cruza un buen día con Emma


(interpretada por Léa Seydoux, que ha trabajado tanto con Tarantino en ‘Malditos Bastardos’, Woody Allen en ‘Medianoche en París’ o con Tom Cruise en ‘Misión Imposible: Protocolo Fantasma’) una mujer abiertamente homosexual que, debido a su naturaleza artística, lleva el pelo de un llamativo color azul. Además de su intensa mirada, es ese detalle azul el que hace que Adèle pierda los estribos por ella nada más verla en la calle. 



En el cómic, el color azul es un recurso narrativo. Toda la ensoñación que Adèle va generando en su mente está representada por sueños, pensamientos y delirios expresados en tonos azulados. El resto –que parece ir perdiendo su brillo- pasa a proyectarse en colores grisáceos, y únicamente el azul representa las cosas buenas o románticas. En el filme, sin embargo, este elemento se ve rebajado, por no decir suprimido, en tanto se hace desarrollar el conflicto romántico alrededor de las clases del instituto.


 Cada una de las escenas contiene alusiones -con fragmentos del libro que leen, “La vida de Mariana”, de Pierre de Marivaux- a las futuras decisiones y problemas que se va a encontrar la protagonista y la forma en la que va a lidiar con ello. De la misma forma, se utiliza un recurso similar en una escena de una cena al aire libre. Al fondo del jardín hay una pantalla de cine, que se ve siempre tras el rostro de Adèle. 




En esta situación, Adèle se siente celosa al ver a Emma muy cercana a otras mujeres. Ante los invitados no le queda más remedio que fingirse inalterada pero por dentro –y gracias a la pantalla de cine, donde se muestra a una mujer llorando o sufriendo- el espectador puede realmente saber el sentimiento que corre a través de ella. Punto a favor para el director Abdellatif Kechiche, de quien ambas actrices renegaron reiteradas veces por sus métodos autoritarios e incluso violentos.




Como curiosidades, destacar la cantidad abundante de escenas de comidas –son casi continuas- y los primeros planos, descarados, de los cuartos traseros de Adèle Exarchopoulos. Llega a parecer una necesidad para el director enfocarlos directamente cada ciertos minutos de la película. Tanto como, para ella, despeinarse continuamente.



 En definitiva, ‘La vida de Adèle’ es una película que no está pensada para gente únicamente acostumbrada al cine comercial. Sea mejor o peor, hay que permanecer tres horas en la butaca y a algunos eso les supone un impedimento. La historia es más un estudio del cómic que una propia película. 




Uno de sus puntos fuertes es la fotografía, que la acerca más al terreno artístico que al comercial. Tanto Lea como Adèle hacen un trabajo muy reseñable. Además de unas actuaciones impecables, están unas sacrificadas escenas sexuales, que no se cortan un pelo en mostrar las partes íntimas de ningún actor o cómo se realiza un cunnilingus con todas las de la ley.



NOTA: 9,1

Jorge Tomillo Soto-Jove


No hay comentarios:

Publicar un comentario