Carrie ‘Moretz’ White y la Patrulla X, sin Travolta.
Antes
de nada, debemos recordar de dónde venimos. ‘Carrie’ es un re-remake de la original de 1976 dirigida por el
icónico Brian De Palma (con películas como ‘El
precio del poder’ o ‘Atrapado por su
pasado’, ambas obras maestras protagonizadas por Al Pacino). Digo re-remake
debido a que, en 2002, ya se hizo un remake para televisión (protagonizado por
Angela Bettis, cuyo papel más relevante había sido como secundario en ‘Inocencia interrumpida’) que no tuvo
mayor trascendencia.
En la versión del clásico escrito por Stephen King, que
dirigiera De Palma, todo son detalles que, además de buena película, la convierten
en una cinta de culto. Lo primero, que fue dirigida por De Palma, lo que,
contando con la naturaleza violenta de la historia, es mucho más que un
acierto. De no ser por el punto dos, sería la baza de la película. Segundo,
Sissy Spacek –ese tipo de actriz que
todos conocemos pero que no sabemos dónde la hemos visto- hace una actuación
arrolladora como Carrie White, sentando un precedente para las demás actrices
de su época y arrojando un camino tormentoso sobre cualquier otra que intentara
reversionar el personaje que hizo suyo. Por ende, el Óscar se fue a casa con
ella. Tercero y cuarto, y estas son más curiosidades que otra cosa pero
refuerzan el mito, John Travolta hace aquí su debut en el cine a nivel
comercial, y Carrie fue la primera novela publicada de Stephen King.
Por
los motivos mencionados anteriormente, uno va al cine con ciertas precauciones
– prejuicios más bien-. Solo con ver el tráiler, los que hemos visto la
original podemos identificar varios indicadores que suscitan desconfianza: en
esta entrega no tenemos a un John Travolta que, a pesar de ser uno de los
elementos más fuera de lugar de la cinta, al tiempo resultaba perfecto para el
papel. Con un par de minutos de promo ya se aprecian grandes diferencias a
nivel argumental con respecto a su predecesora, y eso le hace a uno echarse a
temblar. Pero al final, tras fijarnos bien, una luz borra todos los miedos
habidos y por haber: la protagonista es la jovencísima Chloë Moretz quien,
tanto por su excepcional belleza como por sus cada vez más acertados papeles,
está convirtiéndose en la nueva actriz de moda (le pese cuanto le pese a
Jennifer Lawrence –versada en hipocresía-).
Nada
más comenzar, el primer acierto. Al igual que hiciera Brian De Palma, en esta
versión también se ha suprimido la escena de la infancia de Carrie en la que
hace llover piedras del cielo sobre su casa. En esta ocasión, el pistoletazo de
salida lo da el propio nacimiento de Carrie del vientre de su madre,
interpretada por Julianne Moore. El personaje de la madre es bastante
diferente, pero no molesta. Se nos presenta ya, temprano, como una mujer con un
pasado también conflictivo en cuanto al don de su hija se refiere. Por esto la
escena llega al punto en que, nada más nacer su hija, la madre decide que lo
mejor es asesinarla por temor a que resulte como ella. He de confesar que se
trata de una libre interpretación mía, ya que nunca se llega a esclarecer este
punto, pero sí que se trabaja más el personaje de la madre.
Todo transcurre con normalidad –si la normalidad fuera la
línea argumental original, claro-. Carrie White ya es casi una mujer, con todos
los riesgos que eso conlleva para una niña que no cesa de cambiar y que procede
de una familia en extremo intolerante y religiosa, que considera todo un
peligro y un pecado. Analizando la educación que Carrie ha recibido de su
atormentada madre, se comprende que sea una niña timorata y que un período
–nunca mejor dicho- como es la menstruación resulte para ella algo difícil. Si
a esto le sumamos estar redescubriendo que posee poderes telequinéticos y que
todo ello tiene lugar al mismo tiempo en los vestuarios del gimnasio, puede
salir una mezcla demencial. Carrie se convierte en una mujer que, asustada y
ensangrentada, pide ayuda a sus compañeras de clase, acabando vejada, grabada
con el móvil –toque sutil que adapta este relato a los días de hoy-, humillada
y maltratada, lo que deja una huella
imborrable en la frágil y temerosa Carrie White.
Después
de un inicio magistral la historia continúa casi en la misma línea que la
original, disfrutando de la interpretación que aporta Chloë Moretz. Si bien no
llega al nivel interpretativo de su predecesora, realiza un trabajo
sobradamente bueno que le garantizaría holgadadamente una nominación si no se
tratara de un remake. La ventaja que tenía Sissy Spacek era su mayor
experiencia contra la juventud de Moretz, que después de ‘Hick’ –junto a Eddie Redmayne-, ‘La invención de Hugo’, ‘Sombras tenebrosas’ o todas las entregas de
‘Kick-Ass’, ha asumido por vez
primera un rol absolutamente protagonista en una película comercial a gran
escala –no como en ‘Hick’, en la que,
pese a ser la protagonista, no alcanzó gran proyección mediática- y esto es
todo un desafío con el que cumple. Se avecina una futura actriz talentosa y muy
popular.
‘Carrie’
es una historia tétrica y genial, que conserva la obsesiva narrativa de Stephen
King por las pequeñas sociedades de pueblos perdidos en el sur de los EEUU,
resultando al final un hipérbaton a pequeña escala de la sociedad general. En
cuanto a Carrie en sí, tenemos la jugosa variante de una descripción más
detallada del redescubrimiento de sus poderes psíquicos. En ciertos instantes,
llega incluso a parecer que estuviéramos viendo una entrega cruenta de la Patrulla
X -o ‘X-men’-, pero es un aliciente,
y nunca una contra. Desde un punto de vista algo más comercial y menos ‘snuff’,
menos oscuro, esta revisión de la apasionante historia que atemorizó a tantas
generaciones, seguro que marcará todavía a unas cuantas generaciones más,
aunque llegue con varias semanas –meses- de retraso.
Nota: 7.
Jorge Tomillo Soto-Jove
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